La salud mental de las comunidades afectadas por el conflicto armado interno en el Perú. Representaciones Sociales del personal de salud del Ministerio de Salud (MINSA).

Rosa Maria Cueto Saldívar

La violencia política y las violaciones a los derechos humanos son realidades cercanas a muchos países de Latinoamérica, pero muy lejanas para lossectores que, por su posición social o su ubicación geográfica, prácticamente no se sienten tocados por estos hechos. Éste por lo menos ha sido el caso del Perú, en donde por muchos años la violencia y la crueldad vividas por las poblaciones más pobres y excluidas del interior fueron desconocidas y hasta minimizadas por el resto del país1. En la misma capital la violencia se vivía con nitidez en los asentamientos humanos de los “conos”2 limeños, pero pasaba prácticamente inadvertida en las zonas más residenciales; hasta que en los últimos años del conflicto armado, el incremento de las acciones del terrorismo y la represión en la capital, pusieron en evidencia que el horror existía donde quiera, y que a todos nos podía llegar a tocar la puerta. Para quienes hemos tenido la oportunidad, vivir fuera de Lima, en lugares con historias particulares como Ayacucho3, significa conocer un país mucho más complejo y golpeado que lo narrado por la historia oficial. Entrar en contacto con otra historia, la de la gente que sufre lo que uno no se imagina, permite aprender lecciones de coraje y entereza, de valentía y de capacidad para superar el dolor y mirar al futuro con esperanza, aferrándose a la dignidad, golpeada y negada, pero aún presente.

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